6. EULOGIO
A Eulogio lo bautizamos con ese nombre porque era un muchacho con un lenguaje rico y cultivado, y una voz profunda y agradable que, nunca me expliqué cómo, salía de un cuerpo extraordinariamente enjuto.
Eulogio solía hacer gala de su capacidad lingüística a la hora de comer. Dotado de una suerte de relojería suiza intestinal, su organismo, previsor y responsable como el propio muchacho, hacía hueco al ágape que estaba por ingerir. Esto le obligaba a llegar, en ocasiones, unos minutos tarde a la comida y, si algún insensato desprevenido le preguntaba por la tardanza, Eulogio, generoso, se recreaba en el asunto ofreciendo todo lujo de detalles: color, textura, solidez, aroma, y, sobre todo, el proceso, la batalla hasta el feliz alumbramiento. En otras ocasiones, cuando éste último había sido particularmente difícil, no precisaba de pie alguno para dar comienzo a la narración. Dejando a un lado lo escabroso del tema, relataba en tono épico la hazaña, como un pescador que se hubiera batido con un enorme pez al que, tras mucha briega, tiras y aflojas, hubiera logrado arrancar de las profundidades del tempestuoso mar de sus entrañas.
Eulogio era conocido y querido por todos. Caía simpático.
Años después de que yo abandonara el Colegio, me contaron una anécdota a cuenta del apodo. Tan conocido era por este nombre, que sólo unos pocos sabíamos que no era el suyo. Así, uno de los porteros del colegio tuvo ocasión de hacer este descubrimiento con ocasión de la visita de los padres del chico. Éstos se presentaron de improviso en Portería preguntando por su hijo.
- Lo siento, señores, pero me temo que ese estudiante no se hospeda en este colegio.
- ¡Cómo no! Si José Manuel lleva con ustedes cuatro años ya.
El sorprendido portero consultó la lista de alumnos y, efectivamente, allí aparecía aquel misterioso nombre al que no lograba poner cara después de cuatro años de necesaria convivencia. Intrigado, llamó por megafonía al muchacho, para descubrir, incrédulamente, que el tal José Manuel no era otro que el archiconocido Eulogio.
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