2. VICENTA

 Vicenta era la encargada de limpiar mi pasillo, Gran Vía. Como yo nunca iba a clase, siempre me hallaba en la habitación cuando ella pasaba limpiando. Era alegre y habladora, por lo que terminamos haciendo cierta amistad. Ella nunca fregaba mi cuarto. Al principio de curso noté, me dio por pensar, que tras cada visita de Vicenta y su fregona, el cuarto parecía más sucio. Movido por mi curiosidad científica y temiendo estar juzgando equivocadamente a la limpiadora, decidí realizar una pequeña prueba para descubrir la verdad. Antes de cada fregado, elegía una serie de baldosas por las que irremediablemente debía pasar el fregón y contaba el número de pelos que había en ellas. Después, tras la limpieza, realizaba un nuevo recuento. Y, efectivamente, tras fregar Vicenta, la densidad capilar aumentaba significativamente. ¡Qué maravilloso remedio la fregona de Vicenta para un calvo! En fin, que desde ese día en cada visita le pedía amablemente que no limpiara la habitación, cosa que ella omitía encantá, pues tenía mucha tarea, y que realizaba yo más tarde; en su lugar, charlábamos un ratito.

Vicenta siempre se quejaba de lo mismo: demasiado trabajo, poco tiempo y mucha porquería; y para colmo, los retretes casi siempre atascados... Su grito de guerra era: "¡Serán guarro' e'to' mushasho'!". A mí no me extrañaba en absoluto su comentario, no sólo porque yo fuese un sufrido usuario de los servicios, sino porque conocía las costumbres del Santa Cruz ...

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