7. LOS PORTEROS
El Sta Cruz estaba bien guardado por tres porteros (*) que se turnaban en sus funciones. Como personal en continuo contacto con los estudiantes, para empezar, tenía cada cual su mote y, además, no se libraban de las bromas de los muchachos, de las que a veces eran cómplices, otras instigadores y, casi siempre, blanco asequible. Recuerdo que uno de ellos se llamaba Pepe. En cada pasillo había un teléfono que conectaba directamente con la Portería, de modo que cuando alguien estaba aburrido, un recurso fácil era descolgar y obsequiar al portero de turno con una rima: "Pepe, que el cerdo te folle y el burro te trepe" Y otras lindezas por el estilo. El aburrimiento despierta el ingenio poético. (*) En mi época, eran Pepe, el Rieles y Lonegan.