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7. LOS PORTEROS

 El Sta Cruz estaba bien guardado por tres porteros (*) que se turnaban en sus funciones. Como personal en continuo contacto con los estudiantes, para empezar, tenía cada cual su mote y, además, no se libraban de las bromas de los muchachos, de las que a veces eran cómplices, otras instigadores y, casi siempre, blanco asequible.    Recuerdo que uno de ellos se llamaba Pepe. En cada pasillo había un teléfono que conectaba directamente con la Portería, de modo que cuando alguien estaba aburrido, un recurso fácil era descolgar y obsequiar al portero de turno con una rima: "Pepe, que el cerdo te folle y el burro te trepe"    Y otras lindezas por el estilo.  El aburrimiento despierta el ingenio poético.   (*) En mi época, eran Pepe, el Rieles y Lonegan.

6. EULOGIO

 A Eulogio lo bautizamos con ese nombre porque era un muchacho con un lenguaje rico y cultivado, y una voz profunda y agradable que, nunca me expliqué cómo, salía de un cuerpo extraordinariamente enjuto. Eulogio solía hacer gala de su capacidad lingüística a la hora de comer. Dotado de una suerte de relojería suiza intestinal, su organismo, previsor y responsable como el propio muchacho, hacía hueco al ágape que estaba por ingerir. Esto le obligaba a llegar, en ocasiones, unos minutos tarde a la comida y, si algún insensato desprevenido le preguntaba por la tardanza, Eulogio, generoso, se recreaba en el asunto ofreciendo todo lujo de detalles: color, textura, solidez, aroma, y, sobre todo, el proceso, la batalla hasta el feliz alumbramiento. En otras ocasiones, cuando éste último había sido particularmente difícil, no precisaba de pie alguno para dar comienzo a la narración. Dejando a un lado lo escabroso del tema, relataba en tono épico la hazaña, como un pescador que se hubiera b...

5. EL PALITO

 En aquella época tomé la costumbre de darle vueltas a los objetos cilíndricos, girándolos, con una sola mano. No es que quisiera hacerme majoret, simplemente me dio por ahí. Recuerdo que aquella tarde había fregado yo mismo el cuarto y me hallaba en el servicio devolviendo los aparejos de limpieza al hueco donde los guardaba Vicenta. Allí, junto a aquel recoveco, el palo de una escoba reposaba sobre la esquina de la pared. Me pareció un utensilio perfecto para practicar mis habilidades rotatorias, así que lo cogí por su mitad y procedí a imprimirle giros. Con esta ocupación llegué hasta el Trompi, pasillo en el que habitaba Titi. El Trompi en aquellos precisos instantes era un lugar inhabitable, auxino, inhóspito para la vida: había recibido la visita de Miguelón. Pero ya era tarde para mí, había cometido un craso error: me había adentrado demasiado. Tapándome la nariz con una mano corrí hacia la puerta de Titi, aporreándola con impaciencia, desesperadamente. Titi me abrió al inst...

4. MIGUELÓN

  No es que estos temas escatológicos sean de mi agrado, pero cuando se reside interno en un colegio mayor durante un año es inevitable compartir baño y retrete con el resto de alumnos. Esta obligada convivencia es especialmente sufrida cuando, bien por su falta de eduación, bien por extraños prodigios de la naturaleza, uno no tiene más remedio que soportar las particularidades de sus vecinos. Hablando de prodigios naturales, recuerdo un suceso que nos tuvo en ascuas durante algunos meses. Cada cierto tiempo, el aire de Gran Vía se volvía irrespirable. Una densa niebla londinense, sólo que incolora y horrendamente pestilente, se apoderaba del pasillo. Pensarán ustedes que exagero, pero empeño mi palabra en ello que ni un ápice.    Recuerdo que comenté el caso a mis amigos y ellos confirmaron haber sufrido igualmente la experiencia en sus pasillos, sólo que las fechas no coincidían, ¿Cuál era la causa de aquella peste? ¿Por qué no acaecía simultáneamente en todos los pasil...

3. EL DUELO

 Sería el mes de octubre cuando dos alumnos, ambos pesos superpesados, discutieron. La discusión subió de tono hasta convertirse en una cuestión de honor. La pendencia debía dirimirse sin remedio, con sudor y sangre si era necesario. No había otra solución: se retaron a un duelo singular. Ambos nombraron a sus padrinos, fedatarios del desafío y de su resolución. Ninguno de los dos, ninguno, estaba dispuesto a permanecer un minuto más en este mundo sin saber quien de ellos era capaz …de aguantar más tiempo sin cagar. Desgraciadamente, no se resolvió en un minuto, sino que aquella cuestión mantuvo en ascuas a todo el colegio por espacio de una semana, lapsus tras el cual uno de los contendientes se vio forzado por la madre naturaleza a bajarse los pantalones... Avisados de urgencia, el comité de arbitros se reunió precipitadamente y corrió a inspeccionar la majada. Tras unos minutos, el portavoz comunicó al resto del internado las dimensiones de la criatura: era toda una gallega. Aho...

2. VICENTA

 Vicenta era la encargada de limpiar mi pasillo, Gran Vía. Como yo nunca iba a clase, siempre me hallaba en la habitación cuando ella pasaba limpiando. Era alegre y habladora, por lo que terminamos haciendo cierta amistad. Ella nunca fregaba mi cuarto. Al principio de curso noté, me dio por pensar, que tras cada visita de Vicenta y su fregona, el cuarto parecía más sucio. Movido por mi curiosidad científica y temiendo estar juzgando equivocadamente a la limpiadora, decidí realizar una pequeña prueba para descubrir la verdad. Antes de cada fregado, elegía una serie de baldosas por las que irremediablemente debía pasar el fregón y contaba el número de pelos que había en ellas. Después, tras la limpieza, realizaba un nuevo recuento. Y, efectivamente, tras fregar Vicenta, la densidad capilar aumentaba significativamente. ¡Qué maravilloso remedio la fregona de Vicenta para un calvo! En fin, que desde ese día en cada visita le pedía amablemente que no limpiara la habitación, cosa que ell...

1. EL SANTA

 El Santa Cruz la Real es un monasterio dominíco que en 1988 dedicaba parte de sus dependencias a hospedar alumnos universitarios. Así, era más conocido en Granada como Colegio Mayor que como residencia monacal. Las dependencias del Santa Cruz se articulaban en torno a un precioso patio central, plagado de naranjos, con una fuente de agua que refrescaba y relajaba el claustro con su canto. Era un lugar donde se respiraba paz, las horas en las que los alumnos asistían a clase o estaban en sus habitaciones. En la planta baja se hallaba la portería y las dependencias comunes: el gimnasio, la sala de prensa, una cancha de futbol/baloncesto y el comedor. El comedor era una sala enorme de techos altísimos. Dibujando una C invertida, las largas mesas se disponían cercanas a las paredes. Cada grupo de amigos, clan, se congregaba en una de estas mesas que, si no era lo suficientemente numeroso, se veía obligado a compartir. Nuestra mesa siempre estaba a rebosar. En las demás plantas estaban...